Texto por: César Ruiz
Fotos por: Leslie del Moral // ACK Promote.
La noche del sábado 24 de enero, en el C4 Concert House se transformó en un bunker contra el ruido del mundo exterior. Nueve años después de su presentación en el C3 Stage (durante el tour de Luciferian Towers en 2017), el colectivo canadiense Godspeed You! Black Emperor regresó a la ciudad con su gira Liberation Winter of ’25, trayendo consigo una tormenta emocional que solo ellos saben desatar.

El Preludio: Una Comunidad en la Espera
Desde las horas previas, la atmósfera en los alrededores del C4 se sentía distinta. No había prisa, sino una especie de comunión intelectual. Entre la multitud —sorprendentemente joven en su mayoría, aunque nutrida también por veteranos melómanos — las conversaciones fluían sobre temas poco habituales en un concierto de rock, se escuchaban debates sobre la relación entre las ciencias exactas y la ontología, asistentes cargaban con orgullo sus LPs, con la esperanza de obtener la firma de una banda de culto, y no faltaron quienes recordaron haber coincidido en ese mismo recinto el año pasado para el concierto de Slowdive, consolidando al C4 como el epicentro del post-rock y el shoegaze en la ciudad.
Sin teloneros y con una puntualidad extrema, a las 9:00 PM el escenario se sumergió en la penumbra.

Sonido e Imagen en 16mm, un asalto a los sentidos.
La banda, fiel a su mística, no emitió ni un «hola» ni un agradecimiento verbal. Sus figuras eran siluetas recortadas contra un espectáculo visual que es tan protagonista como la música misma.
En la parte posterior, Karl Lemieux operaba sus proyectores de 16mm como alquimista moderno. Las imágenes proyectadas en vivo no eran simples videos, sino texturas táctiles que transitaban de lo caótico y lo etéreo a lo puro y sublime. Vimos el fuego devorando la pantalla en bucles abrasadores que luego daban paso a la naturaleza más viva, recordándonos la fragilidad de la belleza en medio del colapso. Esta danza de celuloide quemado y paisajes orgánicos fue el ancla visual perfecta para un setlist que dio inicio con “Hope Drone”, un muro de sonido devocional que engrandece el espíritu.
La energía del lugar paso de una serenidad bucólica al caos sonoro controlado durante los temas “Sun is a hole sun is vapors ” y “Babys in a thundercloud”, ya que Sophie Trudeau y Thierry Amar brillaron con luz propia en el violín y el contrabajo respectivamente con hipnóticos arreglos que parecían comunicarse entre sí.

El C4 contuvo por momentos la respiración al sonar “Fire at Static Valley” generando una tensión que se podía sentir en el pecho mientras las proyecciones se tornaban más abstractas y enigmaticas, adornadas por las convulsas guitarras de Efrim Menuck, Mike Moya y David Bryant.
Cerca del final GY!BE tenía preparada una catarsis colectiva irrepetible con la fusión de “Bosses Hang” y “The Sad Mafioso” (un extracto del tema “East Hastings”), conformando un réquiem de estática y distorsión que no dejo a nadie indiferente, y que se sintió como una marcha triunfal hacia el fin de los tiempos. Una vez mas las proyecciones ganaban protagonismo emitiendo destellos de estructuras colapsando, mientras la música, se volvía más luminosa y expansiva. Esa sensación de que, a pesar de todo el caos exterior, todavía es posible construir algo monumental es algo que solo se puede experimentar en un concierto de estos pioneros del post rock.

El Final: La Disolución del Sonido.
El clímax llegó a su fin de una manera tan mistica como orgánica. Los miembros de la banda comenzaron a retirarse del escenario de uno en uno. No hubo encore.
Cada músico que partía dejaba su instrumento generando un loop, construyendo un muro de sonido infranqueable que vibraba en las paredes del recinto. Ya que no quedaba nadie en la tarima, minutos después, únicamente dos integrantes regresaron para ir disolviendo las capas de sonido poco a poco, como quien apaga una llama con los dedos, hasta que solo quedó el silencio total, silencio que fue abruptamente interrumpido por la ovación generalizada de los asistentes. Guadalajara, una vez más, fue testigo de que el apocalipsis puede sonar hermoso.

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- Un show impecable de GY!BE.
- La mezcla generacional.
- Buena eleccion de vuenue, sonido y espacio.
- Iluminacion tenue / sombria.