Ayer por la noche fue anunciado el vigésimo aniversario del Festival Coachella y para muchos fue una decepción y para otros un acierto por la inclusión de algunos géneros pensábamos no eran populares. Como cada año, el cartel dio de que hablar y nos dejó sorpresas, para algunas buenas y para otros malas.

La incorporación de Ariana Grande, Los Tucanes de Tijuana, Bad Bunny y J Balvin fueron de las más criticadas en redes sociales debido a que se piensa va en contra de la esencia del festival, ocupando espacios que en años pasados han sido de nombres como AC/DC, Alt-j, The Killers, Radiohead, Foals entre otros, pero hay que recordar las ventas de boletos son un reflejo de lo que quiere la sociedad.

Por poner dos ejemplos, a mitad de 2018 en el conteo de ingresos a nivel mundial, Bad Bunny y Maluma figuraban entre los 100 artistas que más vendieron. Y aunque Maluma no está en Coachella, Bad Bunny sí y en dicha lista está por arriba de bandas como Arcade Fire, Noel Gallagher, Scorpions o el mismo Santana. Ya no se diga en el conteo de conciertos norteamericanos.

El segundo ejemplo es en su ingresos, el festival sigue siendo el que más ganancias genera a nivel mundial. Sus ingresos en 2017 fueron de 114 millones de dólares con una asistencia de 250 mil personas por cada fin de semana en que se realizó. En 2018 esos números fueron duplicados con la mera presencia de Beyonce.

¿El rock ha muerto? No lo sabemos, sería muy precipitado afirmarlo habiendo festivales que son sold out en el mundo, un ejemplo nacional y claro es el Pal Norte siendo abaratado y teniendo de headliner a los Arctic Monkeys y Kings Of Leon, pero Coachella ha cambiado y como cada edición se ha reinventado.

Así como en nuestro país estamos cansados de ver a las mismas bandas de siempre (Zoè, Caifanes, Molotov, etc.) en Coachella pasa algo similar, los headliners han envejecido y en su mayoría han sido vistos por los asistentes de viejas generaciones e incluso de las nuevas.

También, hay otra cara de la moneda, Coachella mismo se ha convertido un festival donde a la mayoría de los asistentes (de las nuevas generaciones) les importa más pasar un día lleno de amenidades, de tomarse la selfie, presumir los mejores outfits, subir las historias de instagram en las activaciones, escuchar la canción de moda del headliner y es así, como la música pasa a un segundo plano.

Pero, aún quedan esas personas que les interesa ver la oferta musical que ofrece el festival. Escuchar nuevas bandas que vienen pisando fuerte y que valen la pena como lo son Beach Fossils, Yellow Days, Rosalía, Parcels, UMO, Clairo, etc. No es el mejor cartel, sin duda alguna, pero es el cartel más diverso en la historia del festival y de alguna manera, la finalidad de un festival es esa, no te agrada una banda pero tienes dos o tres escenarios más con diferentes propuestas.

Es una nueva etapa o simplemente se vendió ¿Ustedes que opinan? 

Coachella 2019

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