Texto: Sunny Muñoz
Fotos por: Daniel Ávila
Hay conciertos que se sienten como una fecha más en el calendario y hay otros que, desde antes de comenzar, tienen algo especial. La primera visita de Ereb Altor a México perteneció a la segunda categoría.
Después de pasar por Morelia y la Ciudad de México, los suecos llegaron a Guadalajara para cerrar su recorrido por nuestro país. Pero antes de subir al escenario, la banda también tuvo la oportunidad de conocer un poco de la tierra que los recibía. Durante su estancia en Jalisco, recorrieron Guadalajara y vivieron una experiencia por Tequila, entre campos de agave y algunos de los paisajes más representativos de la región.
Quizá ese contraste entre los paisajes de Jalisco y el imaginario nórdico de Ereb Altor terminó haciendo todavía más especial su llegada al Anexo Independencia, el pasado 22 de agosto, en un evento presentado por Banshee Agency.
La noche comenzó con dos propuestas nacionales que, desde diferentes caminos, ayudaron a construir el ambiente perfecto para lo que vendría después.

Una apertura con identidad propia
Los primeros en tomar el escenario fueron Fir Forest, proyecto tapatio cuya propuesta se mueve dentro de terrenos oscuros y atmosféricos. Su presencia permitió que la noche comenzara a tomar forma poco a poco, con una música que apuesta por crear ambientes densos y envolventes antes que por la inmediatez.

Después fue el turno de Alfhëim, banda originaria de Tepic, Nayarit, que llevó al escenario una propuesta de atmospheric pagan folk metal. Su identidad parte de la combinación de distintas influencias mitológicas y culturales —entre ellas las tradiciones Cora, Wixárika, mexica, maya, celta y nórdica— y de una búsqueda relacionada con la introspección y la conexión con la naturaleza.

Su presencia resultó particularmente interesante dentro del cartel. Aunque Ereb Altor y Alfhëim provienen de contextos culturales diferentes, ambas propuestas encuentran un punto de encuentro en la manera de utilizar el metal para hablar de antiguas tradiciones, naturaleza, mitología y aquello que permanece conectado con nuestras raíces.
Con el escenario preparado, solo faltaba una banda.
El momento de Ereb Altor
Cuando finalmente apareció Ereb Altor, el ambiente cambió.
No era solamente la llegada de una banda sueca a Guadalajara. Era el cierre de una gira que había comenzado unos días antes en Morelia y que finalmente encontraba su último capítulo mexicano en la Perla Tapatía. Y para muchos de los presentes, era también la oportunidad que habían esperado durante años: escuchar en directo una propuesta construida alrededor del epic metal, el viking metal y la herencia de los sonidos escandinavos.
La banda llegó además presentando Hälsingemörker, su décimo álbum de estudio, publicado en febrero de 2025. El disco continúa explorando ese universo de metal épico y folk inspirado en las antiguas leyendas escandinavas, pero también refuerza una de las principales virtudes de Ereb Altor: la capacidad de construir canciones que se sienten enormes sin depender únicamente de la velocidad o la agresividad.

Y eso fue precisamente lo que ocurrió en el Anexo Independencia.
Desde los primeros acordes, las guitarras comenzaron a llenar el recinto mientras las voces profundas y los pasajes más solemnes creaban una atmósfera que parecía alejarse por momentos de Guadalajara.
El setlist recorrió diferentes etapas de la trayectoria de la banda y encontró espacio tanto para las canciones más reconocidas de Ereb Altor como para los temas de Hälsingemörker. Esta combinación permitió que el concierto funcionara tanto para quienes llevaban años siguiendo a los suecos como para quienes estaban descubriendo su propuesta por primera vez.
Las canciones nuevas demostraron que la banda no vive únicamente de su pasado. Los temas de Hälsingemörker se integraron naturalmente al repertorio y convivieron con composiciones que ya forman parte de la identidad de Ereb Altor.
Pero fueron los temas más esperados los que provocaron algunas de las reacciones más fuertes de la noche.
Cada riff reconocido encontraba respuesta inmediata desde el público. Hubo cabezas moviéndose, puños al aire, voces acompañando las canciones y esa sensación tan particular que aparece cuando una banda consigue que un recinto entero parezca cantar una misma historia.

Más que un concierto
Quizá uno de los elementos más interesantes de esta visita fue que Ereb Altor no se limitó a llegar, tocar y marcharse.
La banda tuvo la oportunidad de convivir con parte de la cultura y los paisajes de Jalisco antes de su presentación. Para un grupo cuya música está profundamente ligada a los paisajes, las leyendas y la historia de Escandinavia, recorrer una región tan diferente como Tequila representa también una manera de acercarse al lugar que durante esos días se convirtió en su casa.
Y esa conexión terminó trasladándose al concierto.
En el escenario se percibió una banda agradecida por encontrarse finalmente con el público mexicano. Del otro lado, los asistentes respondieron con la misma intensidad de quien sabe que está presenciando algo que no sucede todos los días.
Porque una primera visita siempre tiene algo de incertidumbre.
No se sabe exactamente cómo responderá el público, qué tan fuerte será la conexión o si después de tantos años de escuchar una banda en discos finalmente verla frente a uno cumplirá con las expectativas.
En el caso de Ereb Altor, la respuesta quedó clara.

El primer capítulo de una historia que puede continuar
Cuando las últimas notas comenzaron a desaparecer del Anexo Independencia, quedaba la sensación de haber presenciado algo más que un concierto.
Ereb Altor llegó a México por primera vez después de construir durante años una identidad propia dentro del epic y viking metal. Morelia y Ciudad de México fueron parte de ese primer encuentro, pero Guadalajara tuvo el privilegio de ponerle punto final a la visita.
Y quizá lo más interesante es que este primer capítulo no se siente como una despedida.
Al contrario.
Después de una noche de guitarras pesadas, atmósferas épicas y un público completamente entregado, queda la impresión de que Ereb Altor encontró en México algo que podría hacerlos regresar.
Porque entre las montañas y los agaves de Jalisco, un recorrido por Tequila y las paredes del Anexo Independencia, los paisajes nórdicos de Ereb Altor encontraron un inesperado punto de encuentro con México.
Y cuando una banda logra convertir una primera visita en una experiencia compartida, lo que queda después del último acorde no es solamente el recuerdo del concierto.
Queda la esperanza de volver a escucharlos.
Ereb Altor ya conoció México. Ahora solo falta saber cuándo México volverá a encontrarse con Ereb Altor.

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- Ereb Altor entregados
- El público paciente y entregado
- La baja asistencia.
- Fallas de sonido con bandas abridoras.