Texto por: José Santillan
Fotos: Diego Reyes
El pasado 3 de julio, el Auditorio Telmex se llenó de nostalgia y emociones cuando James Blunt regresó a Guadalajara como parte de su gira Back to Bedlam 20th Anniversary Tour.
Un show especial, dedicado por completo a conmemorar las dos décadas de uno de los discos debut más exitosos del siglo XXI, el cual marcó a toda una generación con su honestidad brutal, sus melodías melancólicas y esa voz frágil pero poderosa que lo hizo inconfundible.
Sin rodeos, Blunt abrió la noche interpretando de principio a fin —y en el mismo orden original— su disco Back to Bedlam. Desde los primeros acordes de High, pasando por You’re Beautiful, Wisemen, Goodbye my lover, etc; cada tema fue recibido con entusiasmo y, en muchos casos, con coros multitudinarios por parte de un público que claramente había crecido con estas canciones.
La interpretación completa del álbum fue como una cápsula del tiempo. Blunt nos invitó a revivir la esencia de ese primer trabajo: un joven exmilitar que sorprendió al mundo con una sensibilidad inesperada y letras profundamente personales. Las canciones fluyeron con naturalidad, en un viaje emocional que culminó con No Bravery, una de las piezas más crudas del disco, que dejó al auditorio en silencio para despues culminar con una gran ovacion llena de gritos y aplausos.
Después de ese recorrido por el pasado, el cantante británico se permitió relajarse un poco más y conectó con el público a través de su característico sentido del humor. Entre bromas sobre sus canciones “tristes”, revear que escribió varias canciones en “estados alterados” y ocurrencias espontáneas, James dejó claro que además de ser un gran compositor, tiene una personalidad auténtica y carismatica.
La segunda parte del show trajo algunos de sus éxitos más representativos fuera de Back to Bedlam, como Carry you home, Postcards, Stay the night, OK, Same Mistake; que mantuvieron al público enganchado y coreando cada verso. La variedad del repertorio nos permitió ver su evolución como artista y la forma en que ha sabido mantenerse vigente sin perder su esencia.
Ya casi para terminar la velada sonó Monsters, dedicada a su padre, la interpretación fue profundamente emotiva, con un Blunt visiblemente conmovido, sentado frente al piano y dejando que cada palabra hiciera eco en el corazón de los asistentes; íntimo, sincero y poderoso. El tipo de cierre que no necesita fuegos artificiales ni un último grito eufórico: Solo emociones sinceras.
Ya como Encore, el ingles nos regaló un par de canciones más: Bonfire Heart y 1973.
James Blunt no solo vino a cantar sus éxitos: vino a recordarnos que la vulnerabilidad también es una forma de fuerza, y que a veces, mirar al pasado con cariño puede ser un acto profundamente sanador. Una noche para la memoria, con el corazón en la mano y los sentimientos a flor de piel.
- El carisma y la interacción de Blunt con los asistentes y la reciprocidad de estos.
- La narrativa de todo su disco
- El artista abrido, Forest Blakk que fue épico